viernes, 23 de octubre de 2009

Polinesia Francesa

Llegamos a Papeete!!!!! Ese destino que tan lejano parecia al empezar el viaje ya estaba ante nuestros ojos: Papeete, la unica ciudad de toda la Polinesia Francesa situada en la isla de Tahiti. Llegamos por la noche al aeropuerto, se suponia que venian a recogernos, pero no fue asi. Tuvimos que coger un taxi que nos costo unos 35 euros, casi la mitad de nuestro presupuesto diario y que nos dejo totalmente helados. Al llegar a la pension tampoco nos esperaban y tuvimos que despertar a la persona encargada para que nos diera una habitacion que tambien costaba un ojo de la cara. Nuestra llegada no fue muy alaguena, asi que nos acostamos para ver si al dia siguiente todo se veia un poco mejor.


Tahiti y Papeete. Aunque todo el mundo nos decia que la isla de Tahiti no merecia mucho la pena, para nosotros fue una delicia. Las costas no tienen playas de arena blanca que resulten espectaculares, pero los paisajes de montanas todas cubiertas de exuberante vegetacion, cascadas y cursos de agua cristalinas del interior y las primeras vistas que tenemos del mar, nos merecen los primeros tres dias que alli pasamos. El primer dia nos organizamos un poco visitamos Papeete y llamamos a Bran (o Brancisco), amigo de Luis Parias que conocimos en la Feria de Sevilla hacia 6 anos. El recibimiento de Bran compenso con creces la primera mala experiencia que tuvimos en la pension. Nos invito a su casa a cenar, con su mujer, Esther y su pequeno hijo Tamatei, y nos ofrecio quedarnos en Moorea, nuestro siguiente destino, en casa de sus padres. Asi que, con la boca un poco pequena, aceptamos su invitacion, abrumados por tanta hospitalidad.

Moorea. La primera escala en el paraiso. Nos quedamos en casa de los Quinquis, Francois y Michelle, los padres de Bran, frente al mar, en una de las partes donde apenas hay laguna y el mar es mas bravo. Las islas de la polinesia tienen casi todas una orografia similar. Alrededor de la isla hay un arrecife coralino que frena los embates de las mareas dejando una laguna de tranquilas aguas turquesas de menor profundidad. La linea de la costa que dibuja trazados que entran y salen formando bahias y salientes. En el interior se levanta elevados picos, de formas caprichosas y totalmente cubiertos de vegetacion y coloridas flores tropicales, como si se tratase de un inmenso jardin botanico. Frente a la casa el arrecife se acerca hasta la misma costa y no hay laguna. Por las mananas, cuando el mar estaba mas tranquilo, veiamos los lomos y las colas de las ballenas que pasaban frente a la casa. Por las noches se escuchaban los golpes que daban contra el agua con sus colas. Una autentica pasada.

Cerca de la casa, esta una de las mejores playas de la isla. Alli nos encontramos de nuevo con Eduardo y Macarena, una simpatica pareja chilena que conocimos en isla de Pascua y que pasaban la segunda escala de su luna de miel en Moorea. Con ellos pasamos nuestro primer dia de Moorea y con buena gana se hubieran apuntado a continuar con nosotros el viaje.





Los demas dias nos dedicamos a recorrer la isla de cabo a rabo. Bucear alrededor de los motus, estos son pequenas islas entre la costa y la linea del arrecife de coral, y en las transparentes aguas de los lagonariums naturales que alli se forman. Tirarnos al sol y recrearnos con las vistas. Hacer alguna inmersion, tiburones, morenas, rayas, y peces tropicales de todos los colores, peces globo, payasos, loro, etc...pero como el paraiso es dificil de describir, ahi van unas fotos:






Huahine. Huahine es una isla mas tranquila y salvaje que Moorea y Tahiti. Al contrario que en Bora Bora, aqui abundan las pequenas pensiones familiares en lugar de los grandes hoteles. Se respira un ambiente sano y la gente es amable. Los primeros dias los pasamos cerca del principal nucleo urbano de la isla, que lo componen dos calles paralelas de apenas cien metros. Los ultimos dias los pasamos en el segundo paraiso. En el sur de la isla, una zona mas remota aun, en el camping de una familia con una ubicacion privilegiada. De nuevo nos dedicamos a mas de lo mismo. Inmersiones, kayak, motus, madar, snorkel, tomar el sol y mucho disfrutar.
















Con lagrimas en los ojos nos tenemos que despedir del paraiso. El pais de la vainilla, del pescado crudo con leche de coco, de las perlas y el tiare.

jueves, 22 de octubre de 2009

Isla de Pascua


Rodeado de la mas absoluta nada, en mitad del oceano pacifico, se encuentra la Isla de Pascua. Segun cuenta la historia de esta remota tierra, aqui llego un pueblo maori de la polinesia en busqueda de tierra firme, ya que la isla en la que habitaban se estaba hundiendo. Primero el chaman de la tribu tuvo una revelacion sobre esta isla, luego enviaron unos exploradores que retornaron con noticias sobre la nueva tierra y despues llego el resto de la poblacion. La verdad es que se podrian haber buscado una isla un poco mas grande. En Isla de Pascua, mas que en cualquier otra isla en la que jamas hayamos estado, se siente el aislamiento. Desde lo alto del volcan se puede divisar, de punta a punta, todo lo que da de si esta tierra. El paraje que se observa es estremecedor. Un pequeno pedazo de tierra y todo alrededor el inmenso mar que golpea incesamente las costas como si quisiera borrar la isla del mapa. Un pequeno escollo desubicado ante el gran azul. La tierra, otrora rica en fauna, ahora es una extensa pradera salpicada manadas de caballos, que parecen los unicos seres vivos de aquellas tierras. Con una poblacion que no llega al medio millar, los auctoctonos se quejan de la velocidad de los cambios, mientras que a nosotros nos parece que por alli no ha pasado el tiempo.




La historia de como se desarrollaron estas culturas en este paraje tan aislado tambien es interesante. Es una especie de tubo de ensayo social, asilado de cualquier influencia ajena a la isla y con caracteristicas muy particulares. Tras la llegada de los polinesios, los primeros moradores de esta isla, se crearon facciones que lucharon entre si. Tambien desarrollaron con el tiempo un enloquecido culto a los muertos, que los llevaba a erigir enormes figuras de piedra en sus tumbas, el hombre fue acabando con los recursos naturales de la isla, segun se especula, porque necesitaban muchos troncos de arboles para el transporte de los moais y donde antes habia grandes bosques no quedo nada y acabaron comiendose unos a otros.




La herencia de toda esta locura son los impontentes moais. Frente a los acantilados se pueden observan las enormes figuras , los enigmaticos rostros de piedra por los que esta isla es conocida mundialmente. Cuando uno los mira de frente, parece estar viendo algo que no fuera de este mundo. La piedra en los moais tiene personalidad. Tal vez por esto se han alimentado las teorias esotericas del origen de estos gigantes, por esto y porque realmente resulta imposible entender como pudieron transportarlos desde la cantera donde los tallaban como un bloque monolitico, hasta las costas donde reposaban sobre las tumbas de los principales lideres. La explicacion mas logica la dan los viejos del lugar. Los moais andaban hasta su emplazamiento definitivo guiado por el poder (mana) de un chaman. Desde la cantera se divisa el camino que tomaban los moais y como quedaron a mitad de su recorrido cuando este mana desaparecio..


martes, 6 de octubre de 2009

Itacaré, el surfing y las malucas


Itacaré

Se trata de un pueblo en la costa al sur de Bahía en la desembocadura de un caudaloso río, rodeado de bosques de palmeras y numerosas calas de arena blanca donde los surfistas aprovechan el constante oleaje que azota la costa. El turismo está lo suficientemente desarrollado para tener restaurantes y hoteles muy bien montados, pero manteniendo las playas todavía poco pobladas.


Lo primero que hacemos para mimetizarnos con el ambiente que se respira en el pueblo es apuntarnos a un curso de surf. Todo iba perfecto hasta el último día, cabalgábamos sobre las olas como expertos jinetes del mar, cuando yo (David), me emocioné más de la cuenta para dar un talegazo que dio con mi careto en el fondo marino con nefastas consecuencias. Véase foto de mi careto.














Pese a mi talegazo y a la cara que se me quedo, decidimos prolongar nuestra estancia en Itacaré. Llegamos para quedarnos allí tres o cuatro días y al final nos quedamos más de una semana.

En estos días conocimos a dos chicas españolas, Gabriela y Alba, dos rubias locas que trabajan como azafatas en España. Si se las encuentran alguna vez en un vuelo, no les pidan ni una cerveza ni una copa, se beberían la mitad. Con ellas y con Sebastián, un chileno afincado en Itacaré y Silke, una alemana que llevaba allí más de un mes practicando y aprendiendo mas sobre capoeira, fuimos visitando algunas de las muchísimas calas que se esparcen por las cercanías del pueblo. Las playas son una auténtica maravilla. Para quedarse allí a vivir.

Tras el surf lo intentamos con la capoeira, donde demostré (David) tener menos coordinación que un niño de dos años y menos flexibilidad que un tronco. Sofía por su parte, continuó avanzando, lenta pero segura, con el surf, mientras yo magullado observaba desde la orilla.




Río de Janeiro 2016.

Antes de irnos volvemos a pasar un par de días en Río, para despedirnos de la ciudad maravillosa justo el día en que se dió a conocer la elección de la ciudad como sede olímpica en 2016. Estábamos a mediodía en la ciudad cuando oímos un griterío que se fue esparciendo por todos los rincones de Río. Se acababa de dar la noticia y la ciudad salía a la calle a celebrarlo.