viernes, 28 de agosto de 2009

Los Piñeros, Los Herreras y Machu Picchu

Felizmente nos encontramos todos (Herreras y Piñeros) en Cuzco.

Cuzco no se parece en nada a las anteriores ciudades peruanas que nos hemos encontrado ni a ninguna otra que nos encontraremos. Al contrario de la mayoría, no fué creada a la llegada de los españoles, mediante al aburrido ordenamiento en cuadrículas alrededor de la Plaza de Armas, sino que era la capital y ciudad sagrada de los Incas. De los palacios incas del otrora ombligo del mundo, significado de Cuzco en quechua, solo quedan algunos excelentes muros de piedra que dejan constancia del dominio que tenían de este material, flanqueando las empinadas calles de la ciudad. La nueva Plaza de Armas se sitùa en la antigua plaza principal inca, donde antes estaban los palacios de cada uno de los reyes incas, ahora se encuentran iglesias catedrales y galeras con todo tipo de restaurantes y tiendas donde se repiten una y otra vez la iconografía inca como reclamo a los muchos turistas que recorren la ciudad. Si uno consigue vencer al soroche, pasear por esta ciudad es una maravilla. Después de caer bajo el control español, Cuzco permaneció olvidada, manteniendose al margen de los acontecimientos nacionales e internacionales y preservando su encanto con sus estrechas calles adoquinadas, plazuelas y tejados de teja. Solo el descubrimiento de Machu Picchu, a principios del siglo pasado, rescató para el mundo este olvidado ombligo inca.



Madrugamos para tomar el primer tren para Aguas Calientes, un pueblo cuyo único atractivo es ser la puerta de entrada a Machu Picchu. Para pasar la tarde, los jóvenes hacemos una pequeña excursión al monte Putucusi "craneo feliz" en quechua. Iniciamos la marcha Alba, Maria Jose, Elena, Sofia y David. Tras un rato subiendo nos encontramos con un paredón totalmente vertical que hay que salvar trepando por unas escaleras de madera ancladas a la pared. En este escollo Maria José deja de sentir las piernas y abandona la comitiva, dejándo en prenda a su niña para salvar el honor de la familia. Tras esta primera pared vienen 4 más que vamos salvando una tras otra. Cuando terminamos y se despeja un poco la vegetación, podemos apreciar el magnífico paisaje que nos rodea. En el límite entre la montaña y la selva, verticales paredes totalmente cubiertas de vegetación, caen vertiginosamente en busca de los rios que durante años han clavado su cauce en las entrañas de esta indómita tierra. Cuando finalmente alcanzamos la cumbre del Putusi, como premio a nuestro esfuerzo, nos espera la primera vista de la ciudadela inca. Allí, encaramada en un increible e imposible emplazamiento, esta Machu Picchu.

Machu Picchu. A la mañana siguiente nos levantamos a las 3:30 de la madrugada para poder estar entre los 400 pimeros visitantes que tiene la posibilidad de subir al Wayna Picchu, "montaña joven", frente a Machu Picchu "montaña vieja". Cuando llegamos al poblado inca, todavía no ha salido el sol y se encuentra cubierta por una densa niebla que aumenta la sensación de misterio y leyenda de la ciudadela inca. Vamos visitando las ruinas sin querer levantar mucho la voz para no romper el encanto, hasta que, poco a poco, la salida del sol tras el Putucusi, va deshilachando la niebla para permitirnos ver la eterna estampa de Machu Picchu. Sin duda, uno de esos instantes que le quedan grabado a uno y que siempre ha de recordar. Un hito en nuestra penùltima aventura que compartimos con nuestras respectivas familias. Tras este momento mítico, de vivir el amanacer en Machu Picchu, el recorrido continùa con la visita guiada, la subida al Wayna Picchu y de nuevo visitando por nuestra cuenta las ruinas. El larguísimo día se nos pasa volando, sin llegar a saciar las ganas de continuar paseando por la ciudad.


De vuelta en Cuzco nos despedimos de los Piñeros que vuelan de regreso a España llevándose un grato recuerdo de su estancia en el Peru.

domingo, 16 de agosto de 2009

Sexta Etapa: Peru y Los Piñeros

Después de pasar un dia de escala en Panamá, volamos dirección a Peru donde nos espera un mes con las respectivas familias. Nos acomodamos en casa de Chiara, en el lujoso barrio de San Isidro, con ganas de ver la llegada de los Piñeros. Llenos de ilusión voy a recogerlos una hora después de su llegada, por un pequeño error de cálculo, lo que no empaña el esperado reencuentro.

Pasamos el primer dia descansando, visitando Lima y poniéndonos al dia después de tres meses desde que partimos de Sevilla. Sin detenernos mucho más, volamos rumbo a Iquitos.

Iquitos es una enorme ciudad en mitad de la selva amazónica, la mayor ciudad del mundo a la que sólo se puede llegar por barco o avión. Se encuentra ubicada a la orilla del rio Nanay junto a su desembocadura en el Amazonas. Desde el avión, durante la ultima hora antes de aterrizar, sólo se divisa, hasta donde se pierde el horizonte, una ingente masa verde que unicamente se ve quebrada por la traza arcillosa que va dejando el Amazonas a su paso.




El Amazonas. El Amazonas nace en las montañas de Los Andes peruanos y en su breve paso por este país, es todavia un pequeño rio que apenas llega a los tres kilometros de ancho y a una profundidad de unos 25 metros. Entre los períodos de lluvia y seco su altura puede llegar a variar uno diez metros. Estamos a mediados del periodo seco, de forma que en unos dias habrán desaparecido muchos de los brazos y ramales por los que en estos dias discurrimos. Llegamos poco antes del atardecer, justo a tiempo para recorrer ochenta kilometros rio abajo por El Amazonas hasta nuestro lodge, ya que al oscurecer, la navegación se hace peligrosa por los enormes troncos que trae el rio. La puesta de sol desde ese enorme rio es la primera de las imagenes inolvidables que dejara la estancia de los Piñeros por El Peru.
La Selva Amazónica. En la selva amazónica pasamos tres noches en unas cabañas incrustadas en la frondosa y ruidosa vegetación de la que solo nos separa la delgada lona de nuestra mosquitera. Recorremos el amazonas hacia arriba y hacia bajo, visitamos poblados de Yaguas, que aunque algo preparado para el turismo, permite ver como viven estas tribus de la selva. Visitamos las poblaciones que habitan a la orilla del río y un improvisado mercado de pescado fresco en un ramal que en unos días se secará y dejará a la gente que alli vive incomunicada de la gran autopista que es el Amazonas. Una y otra vez, regresamos al Amazonas, protagonista de la vida de esta enorme regiòn y de esta, la primera parte de nuestro viaje en Peru.


Tras pasar por Iquitos de nuevo, regresamos a Lima para enlazar con otro vuelo hacia Trujillo. En Trujillo visitamos los yacimientos arqueológicos de las culturas Moche y Chimú, que habitaron estas tierras desde hace dos mil años, mucho antes de la llegada de los Incas. Nos sorprendemos al descubrir culturas muy desarrolladas de las que apenas se sabe nada. En Trujillo nos metemos un homenaje de cena que no olvidaremos nunca. En Peru se come de maravilla sea donde sea.
En Trujillo alquilamos una pick-up tipo americano y cogemos carretera y manta para la Cordillera Blanca, Caraz. La ruta por la carretera es una maravilla y un horror. Echamos el dia montados en el coche. Los primeros kilometros vamos rodando sin mayores complicaciones paralelos al mar por la panamericana. Al llegar a la altura del inicio de la Cordillera Blanca nos desviamos hacia en interior y es entonces cuando empieza a complicarse la cosa. Desaparece el asfalto para dar paso a un camino de cabras que sorprendentemente aparece en los mapas de carreteras. Pasamos tres horas en recorrer apenas sesenta kilómetros, dando 'cambayás' dentro del carro con cada bache, por unos parajes desoladores, con grandes quebradas donde no crecen ni los cardos, y donde solo la diversidad de colores de la roca da un poco de vida al sobrecogedor paisaje. Pasamos por el Desfiladero del Pato y anocheciendo, tras una fatigosa etapa de viaje, felizmente llegamos a Caraz, donde a la luz de la luna llena resplandecen las enormes cumbres nevadas de la Cordillera Blanca.


A la mañana siguiente vamos a las Lagunas de Yanganuco. Unas preciosas lagunas rodeadas de inmensos picos nevados por encima de los seis mil metros, desde allí, el Huascarán, el Chopicalci y el Chacraraju observan majestuosos en las alturas las aguas turquesas glaciales de las lagunas. Aquí pensabamos terminar con un paseo pero terminamos cogiendo una carretera que serpenteando sube y sube hasta llegar a un collado a 4.600 metros de altura. Al bajarnos del coche la vista nos deja sin aliento, y no solo por que a esta algura nos falta el aire al respirar, sino porque la vista de los picos nevados y las lenguas de glaciares que bajan por los valles es espectacular.



En los dias que pasamos en la Cordillera Blanca, tenemos tiempo de ir a visitar a una familia campesina amigos desde los años 70 de Dolphi, una vieja amiga holandesa de mi padre y de la familia. Encontramos en el pueblo de Musho a la familia Calvo con los que pasamos una peculiar jornada. Crisanto, el abuelo y patriarca, Victoria, que nos recibió emocianada con lágrimas en los ojos, la madre de la prole y los nietos: Iomer, Daniela, Jenifer y Stalin, en el recuerdo de todos, nos obsequian con una comida con lo mejor de su tierra, cuys (conejillos de indias) a la barbacoa, para el deleite de mi padre, que a estas alturas ya disfrutaba como un niño.









Pasamos los ultimos dias en Huaraz, desde donde abandonamos la Cordillera Blanca en autobús rumbo a Lima de nuevo. En Peru cada viaje es una delicia. Los paisajes que vamos encontrando hacen de los viajes un recreo. Pasamos de los amplios valles con las enormes cordilleras nevadas de fondo a parajes desérticos de arena antes de llegar a Lima.

En un principio en Lima nos encotraríamos con los Herrera, pero su vuelo sufre un pequeño retraso de 9 horas, por lo que Sofia se queda esperando a sus padres un día más en Lima y David se va con los Piñeros a Cusco.
Pisaq y el Valle Sagrado. Desde Cusco visitamos Pisaq, un emplazamiento Inca, que nos servirá de aperitivo para Machu Picchu. En un escarpado espolón en forma de V, dominando el rio Urubamba, se encuentra el nucleo central de la población. Alrededor de esta hay dispersos otros restos de casas de piedra junto a unos increibles bancanales con los que los Inca peinaban las empinadas laderas de la montaña para sus cultivos.


A la vuelta ya nos esperan en Cusco los Herrera y la visita a Machu Picchu.